La educación no es llenar el cubo, sino encender el fuego. – William Butler Yeats
La demanda de educación superior, tanto de los gobiernos como de los ciudadanos, ha experimentado una expansión sin precedentes. El incremento progresivo de estudiantes universitarios queda patente si echamos un vistazo a los datos. En el curso 1982-83 se matricularon en las universidades españolas 692.152 alumnos, mientras que en el curso 1999-2000 la cifra asciende a 1.581.415. El incremento del nivel educativo de la población genera nuevas necesidades de aprendizaje relacionadas con el desarrollo personal. Podría pensarse, pues, que la universidad, como el primer proveedor, si no el único, de este servicio, goza buena salud y tiene un futuro prometedor.
Sin embargo, el único mensaje claro que se deriva de una lectura de varios estudios actuales sobre la universidad, su papel, objetivos y futuro es que la universidad está en crisis. La universidad se describe como una institución en ruinas, reducida a la búsqueda de una excelencia ilusoria; una institución que lucha por abrirse paso en una sociedad cada vez más compleja; un dinosaurio en un nuevo entorno de red que favorece a otras criaturas, más evolucionadas y más ágiles en la actualidad.
Por ejemplo, en The University in Ruins, Bill Readings califica como de estado en ruinas a la universidad “humboldtiana”, enfrentando la “universidad de la cultura” a la “universidad de la excelencia”.[1] La “universidad de la cultura”, surgida a finales del siglo XIX para formar personas cultas, entendiendo por cultura un conjunto de ideas cruciales que todo hombre necesita para orientarse, debería dejar paso a la “universidad de la excelencia”, donde la prioridad es la generación y la gestión del conocimiento.
La universidad no está al margen de las crisis contemporáneas y está sufriendo grandes cambios en varios sentidos. Para unos autores, si la universidad era el conocimiento, hoy ha perdido el monopolio del conocimiento sobre el mundo. Para otros autores, la rápida evolución de las tecnologías –provocada por la revolución digital– y del sistema productivo demandan una permanente redefinición de los aprendizajes, las competencias y las cualificaciones profesionales.[2]
Apoyo plenamente la tesis de que la universidad está cambiando de manera fundamental, y que estos cambios hay que analizados con más detalle de lo que se ha hecho hasta la fecha. Pero discrepo de quienes acusan de estos cambios a la introducción de nuevas tecnologías.
Es necesario conceptualizar de otro modo la relación entre estas tecnologías y la universidad. No se trata de pensar en lo que perdemos o ganamos, sino en cómo las nuevas tecnologías están contribuyendo a configurar la educación superior y, a su vez, cómo se están configurando estas tecnologías al usarse en las universidades, y en qué medida este proceso supone un enriquecimiento mutuo.
Quisiera plantear a continuación ocho aspectos que considero relevantes en la educación superior del futuro:
1) Partiendo de un escenario como el actual, donde los retos no son los del saber, sino los del ser, es necesario un nuevo enfoque de la educación que aborde los retos de la sociedad del conocimiento –donde la persona es el centro del aprendizaje– y que promueva la ciudadanía activa, la cohesión social, la realización personal y profesional, la adaptabilidad y la empleabilidad.[3]
2) La universidad es una parte del entramado social que trata de responder a la voluntad de la humanidad de comprender la verdad en todas las circunstancias de la vida y en el universo en el que se vive. Este proceso de búsqueda de la comprensión y el deseo de la verdad exige una institución educativa capaz de adaptarse a los nuevos escenarios y superar la idea de que el aprendizaje se concentra en una fase vital concreta, para extenderse al conjunto de la vida de la persona.[4]
3) Convendría establecer vías de aprendizaje más flexibles, facilitando la transición entre la formación y la vida laboral.
4) Es necesario virtualizar la universidad e impulsar la enseñanza a distancia, principalmente a través de las tecnologías de la información y comunicación. Sustituir el aprendizaje cara a cara por el aprendizaje en línea no tiene una finalidad meramente técnica, sino que es un medio para acercar de una forma flexible la oferta formativa a la ciudadanía y conciliar la formación con otras actividades. Para ello es necesario desarrollar actividades orientadas a la adquisición de competencias digitales entre el profesorado y el alumnado.
5) Es necesario que los centros de educación superior emprendan funciones complementarias con otras instituciones públicas y agentes privados. El papel mediador y facilitador de la universidad debería llevarla a no orientarse hacia adentro, sino hacia fuera, como un intermediario a nivel global, actuando como colaborador, cliente, contratante y agente de los servicios de educación superior.
6) Es fundamental cambiar el estilo de dirección y administración. Las nuevas tecnologías están proporcionando sistemas de información para apoyar a la enseñanza. Ante un entorno crecientemente global y competitivo, la universidad enfrenta oportunidades y amenazas en el contexto de las tecnologías de la información, las cuales desempeñan un papel crucial en el incremento de su competitividad. La universidad digital, mediante el uso de sistemas de software de planificación de recursos empresariales (ERP), hace más eficientes sus procesos internos y optimiza el manejo de recursos (sede electrónica, registro telemático, archivo electrónico, firma digital), además de contribuir a la formación a distancia.
7) Los equipos de investigación han de romper las barreras disciplinarias, institucionales y nacionales. Dado el crecimiento de la ciencia a gran escala, los esfuerzos individuales o de pequeños grupos cada vez disponen de menos recursos y tienen un impacto menos significativo en la producción de conocimiento.
8) El resultado más importante de todos estos procesos es el surgimiento de una nueva universidad, diferente de la anterior no tanto en términos de tecnologías, estructuras o procesos, sino en términos de su grado de autoconocimiento. Como las universidades han perdido el monopolio del conocimiento sobre el mundo, tienen una nueva oportunidad, desdeñada tradicionalmente por peregrina– el conocimiento sobre sí mismas para adecuar las nuevas tecnologías a sus características específicas y aplicarlas en contextos locales fortaleciendo así la conciencia cívica.

[1] Bill Readings, The University in Ruins, Cambridge, Harvard University Press, 1996.
[2] Frank Bryce McCluskey, Melanie Lynn Winter, The Idea of the Digital University: Ancient Traditions, Disruptive Technologies and the Battle for the Soul of Higher Education, Policy Studies Organization / Westphalia Press, Washington, DC, 2012.
[3] James Cornford, Neil Pollock, Putting the University Online: Information, Technology, and Organizational Change, Buckingham / Philadelphia, Society for Research into Higher Education & Open University Press, 2003.
[4] La Ley 1/2013, de 10 de octubre, de Aprendizaje a lo Largo de la Vida, aprobada por el Parlamento Vasco, señala que el impulso del aprendizaje a lo largo de la vida es un factor transformador decisivo que permita convertir a Europa en una sociedad y en una economía del conocimiento avanzadas, más participativa, multicultural y sostenible.